sexta-feira, 5 de agosto de 2005

Com a devida vénia...


Se acabó. Figo deja el Real Madrid y lo hace de puntillas. Nada que ver al estruendo que produjo su llegada. La aureola del portugués es amplia, pesada como una losa, para lo bueno y para lo malo. Su fichaje relanzó a los blancos a otra galaxia, y su marcha les devuelve a la tierra. Figo representó durante cinco años el poder emergente del Real Madrid y de su presidente, capaz de cualquier cosa. Así fue mientras Figo jugó en el Real Madrid. Ahora, sin él, todo en el club blanco se vuelve terrenal. El Madrid ya no tiene en su poder al que un día fue capitán del Barcelona, y el desequilibrio que esa circunstacia produjo hoy se ha equiparado. En el fútbol, ese tipo de detalles tienen importancia.El Real Madrid no echará de menos a Figo. Aunque la grada siempre le guardó un respeto reverencial, se ha acostumbrado a su ausencia y nadie le ha reprochado nada a Luxemburgo. Florentino Pérez dijo en su día que Figo había nacido para jugar en el Real Madrid. El problema para él es que antes lo hizo en el Barcelona. Y eso nadie puede cambiarlo. Quizá, por ello se explica la extraña indiferencia que ha producido su marcha en el madridismo. Nadie puede negar que en el Madrid nunca alcanzó el status que disfrutó en Barcelona, y eso se nota a la hora de decir adiós. Y Figo se va empujado, a desgana, contra su voluntad y forzado por las circunstancias. Como cuando visitó el banquillo, tampoco se han escuchado quejas. Así es la vida. Los ciclos se acaban y a Florentino no le ha temblado la mano. Se acabó.

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